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Los errores en una dieta de vacaciones son mucho más frecuentes de lo que parece. Basta con cambiar la oficina por una tumbona o las reuniones por un chiringuito para que muchos hábitos saludables salgan corriendo más rápido que una sandía en agosto. Sin embargo, disfrutar del verano y mantener una alimentación equilibrada no son conceptos incompatibles. De hecho, con pequeños ajustes es posible hacer ambas cosas sin dramas ni remordimientos.

Cuando llega el calor, el cuerpo pide una tregua culinaria. Nadie quiere empezar el día enfrentándose a un desayuno pesado que parece diseñado para hibernar en lugar de sobrevivir a agosto. Sin embargo, muchas personas caen en el clásico error de desayunar solo café y una galleta triste. Resultado: hambre feroz a media mañana y asalto indiscriminado a la nevera.